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Emprended un emocionante viaje a tu aire por Singapur, Bangkok y Hong Kong

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Comenzaremos nuestro viaje en Singapur, la isla de moda del sudeste asiático que se encuentra unida al continente por dos puentes que conectan con Malasia.

En esta moderna ciudad multicultural podrás vivir experiencias únicas como navegar por el río Singapur en barco, fotografiar los rascacielos más espectaculares del planeta desde el Parque de Merlion, pasear en trishaw por Little India, descubrir todos los encantos del barrio chino, comer en un hawker y disfrutar de una copa en Clarke Quay.

Posteriormente, viajaremos a Bangkok, la cosmopolita capital tailandesa. Ubicada a orillas del río Chao Phraya, esta ciudad ultramoderna fascina a más de doce millones de turistas extranjeros cada año con sus 300 monasterios y templos thais ­encabezados por el Gran Palacio Imperial, los Wats del Buda reclinado y del Buda Esmeralda o el Templo del Amanecer su centro histórico, sus apreciables rascacielos y terrazas con bar, sus espectaculares spas, sus cientos de mercados y su deliciosa gastronomía.

Y finalizaremos nuestro viaje en Hong Kong, una fascinante urbe asiática que ofrece su mejor estampa desde lo alto de la colina de Victoria Pick y/o en un paseo en barco al anochecer por la bahía Victoria con sus vanguardistas e infinitas torres reflejadas en sus aguas. ¿A qué esperáis para reservar vuestra plaza?

Singapur

Singapur, Bangkok y Hong Kong

Situado entre Malasya e Indonesia, este atractivo país formado por 64 islas, entre las que destaca la Isla de Singapur, posee una vibrante cultura caracterizada por la mezcla de elementos de los variados grupos y etnias ­principalmente chinos, británicos, malayos e indios­ que durante siglos han conformado la historia del país.

El continuo contraste entre la espiritualidad de sus templos y los imponentes rascacielos, los exuberantes bosques y las lujosas urbanizaciones, los mercados y puestos de Chinatown frente a los más modernos y exclusivos centros comerciales, unido a su diversidad cultural y la variada oferta de ocio convierten a Singapur en un destino de lo más tentador.

La deliciosa gastronomía fruto de la diversidad étnica de sus habitantes y la influencia de occidente es uno de los atractivos culturales de este país.

Bangkok

Danza tailandesa

En un país cuyo nombre significa ‘Tierra de los libres’, no es de extrañar que la diversidad sea la nota dominante. Y es que en este destino mágico conviven sin fricciones ascetas y polígamos de las tribus de montaña; ciudades cosmopolitas como Bangkok y playas tropicales casi vírgenes; modernos resorts y pueblos que, pese a su belleza, permanecen ajenos al boom del turismo.

Todo esto y mucho más es Tailandia: un territorio cuyo suelo también es rico en contrastes. Así, sus 513.115 km² —un poco más que España— se vertebran en cuatro zonas bien diferenciadas: el norte, surcado de imponentes cadenas montañosas; la vasta planicie central, que comprende gran parte del delta del río Cha Phraya y una extensa región agrícola muy poblada irrigada por numerosos canales; la meseta de Jorat, situada en el noreste y de escasa elevación, y por último, las colinas del sur, abundantes en riqueza mineral (con el estaño como punta de lanza) y bendecidas por magníficas islas y playas.

Hoy, Tailandia es uno de los centros turísticos más apreciados del sureste asiático. Y no sólo por sus extraordinarios paisajes y playas, sino por su patrimonio arquitectónico en forma de magníficos templos. Un aspecto en el que ha influido decisivamente el budismo theravada, que es la religión del 94% de los 67 millones de habitantes de este país indispensable.

Hong Kong

Singapur nocturno a vista de pájaro

Llegamos a la etapa final del periplo Singapur, Bangkok y Hong Kong. No es tarea fácil condensar en tan pocas líneas las incontables virtudes del país más poblado del mundo —da cabida a más de 1.350 millones de habitantes— y al tercero más extenso del planeta.

De hecho, China cuenta con la mayor frontera existente, de 22.117 km, que limita con la cifra récord de 14 naciones: Vietnam, Laos, Myanmar, India, Bután, Nepal, Pakistán, Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajstán, Rusia, Mongolia y Corea del Norte. Casi nada.

De ahí la gran variedad de paisajes que vertebran su generosa geografía. El abanico es prácticamente inagotable: las llanuras aluviales que se extienden junto a las costas del mar Amarillo y el mar de China Oriental, las planicies esteparias de Mongolia Interior, las idílicas colinas de siluetas imposibles que salpican el sur del país, los caudalosos cursos fluviales y los deltas de los dos ríos principales (el Huanghe y el Yangzi), que discurren por el centro­este del territorio chino; las mesetas y las escarpadas cumbres del Himayala en el oeste, los desiertos del Taklamakan y el Gobi.

Y es que no es de extrañar que pintores y poetas de todas las épocas hayan quedado fascinados por esta explosión de belleza. de las dinastías Ming y Qing, Hangzhou y su bucólico lago del Oeste, Shuzhou y sus fotogénicos canales, Luoyang y las rotundas grutas de Longmen, la vibrante y occidentalizada Hong Kong, la espiritual Lhasa.

La razón de este torrente de monumentos y atracciones no admite discusión: posiblemente, China es la civilización viva más antigua del mundo —su primera dinastía imperial conocida, la de los Xia, se remonta al siglo XXI a.C.—, así como un centro de difusión cultural de primer orden, capaz de extender su influencia a algunos de sus vecinos mediante conquistas o bien a través de la recordada Ruta de la Seda. Japón, Corea o Vietnam son sólo dos de los territorios que han bebido con fruición de las artes, la arquitectura, la caligrafía y la filosofía chinas.

En relación con este último punto, no hay que perder de vista que China es la cuna de dos importantísimas corrientes filosóficas: el confucianismo y el taoísmo, así como uno de los países que más contribuyó a la difusión del budismo, que irrumpió en el país en el siglo I de nuestra era.